
Hoy, después de mucho tiempo, volví a ver al señor Cabezas.
La empresa de taxis que me llevó de lunes a viernes hasta el periódico hace unos años, era al mismo tiempo una asociación evangélica de fanáticos al volante.
De todos ellos, el señor Cabezas (escrito así con su mayúscula inicial porque es apellido y no apodo)... el señor Cabezas (nunca supe por qué la gente se reía bajito cada vez que mencionaba al señor Cabezas)... como les decía, el señor Cabezas (¡bueeeeno!)... el señor Cabezas se llevó el premio por su forma de ser tan, tan, TAN, pero TAAAAN servicial.
Era tan servicial el señor Cabezas que francamente lindaba con lo servil (quién sabe, algún trauma de infancia). Mi madre decía que el hombre se deshacía de servicial. Y la verdad es que a veces quedaba tan deshecho el pobre que era un poco incómodo.
Sin embargo, es justo agradecerle (más vale tarde que nunca diría el señor Cabezas) que jamás me haya obligado a comenzar el día como su melómano 'hermano'. Ese que cada mañana me recibió con un ritmo distinto en la radio: salsa, reggaeton, cumbia-rock, heavy metal, pop, indie, rock progre, flamenco, punk, canción protesta, ska, techno-rumba, ópera rock, merengue, vallenato... en todos estos géneros ha incursionado la alabanza, en verdad les digo.
Y por ello, demos gracias al señor... Cabezas
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1 comentarios:
si he escuchado camciones de alabanza en merengue....
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